Posteado por: Cotonito | 13 mayo 2009

Reyes chilenos: soñar no cuesta nada

Que los viajes por el mundo han sido una constante en nuestra Historia no es mucha novedad. Ya desde la Antigüedad, el afán de reconocimiento propio, llevó a acarrear profesionales especializados en la redacción y descripción de los lugares y culturas que personajes como Alejandro Magno o Julio César, iban conquistando. Pero sería Marco Polo, en opinión de investigadores de los relatos de viajes -aunque con un alto grado de invenciones y fantasías- quien realizaría las narraciones más precisas sobre exótico y diversos lugares.

Pero no todo ha sido miel sobre hojuelas. El etnocentrismo y universalismo cultural han sido –probablemente- los únicos puntos negros que pueda señalársele a la inquietud humana del desplazarse por el mundo. Diversos países, pueblos o civilizaciones han sido víctima de discriminación por parte de culturas que se sienten superiores, incluso en nuestros días, aún hay naciones africanas que viven bajo el fuerte colonialismo de países desarrollados.

 Como mencionaría de Ryszard Kapuscunski en su artículo “Encontrarse con el extranjero”, hay tres maneras diferentes de encuentro con el otro: una es la guerra absoluta, donde ambos luchan por dominar al otro. Otra es el aislamiento, en el que una cultura “mejor” ignora a la otra por completo. La tercera, calificada como positiva, es la cooperación entre ambos pueblos.

Respecto de esto procesos las narraciones de viajes de conquista son herramientas vitales en la reconstrucción de la historia universal. Pero pocas veces nos hemos cuestionado cómo sería el mundo si todos los territorios descubiertos se hubiesen encontrado en igualdad de condiciones. O cómo sería la historia mundial si los emprendedores hubieran venido de América Latina y África, y no de Europa.

Imaginemos que Chile era tan avanzado como España cuando Valdivia llegó a Santiago. Que simplemente no éramos aventureros y que por eso no los habíamos descubierto antes. Don Pedro tendría que haber llegado a nuestro cabildo, o a la corte de los Reyes chilenos. Quiénes podrían ser… Lautaro y Fresia de Reyes, mientras Condorito se empinaba en hacer reír a la corte. El español haría una reverencia y pediría permiso para presentarse en nombre de los Reyes de España.

Lautaro con aire de desprecio accedería a escuchar a aquel hombrecillo que llegaba rodeado de ladrones y analfabetos… cómo sería esta extraña cultura que aparecía en las tranquilas casas del reino chileno. Después de horas de parlamento, Lautaro, decidiría iniciar la cooperación con la península Ibérica. Así las semanas pasarían y ambos pueblos aprenderían unos de los otros.

Valdivia recorrería las hermosas construcciones chilenas, y asistiría a universidades donde conocería los grandes adelantos de este país. Los meses pasarían y todo iría bien… hasta que un día cualquiera, mientras enseñaba a algunos españoles a leer y les hablaba sobre la existencia de Dios, Fresia descubriría que los recién llegados planeaban atacar las colosales edificaciones de la ciudad de Santiago. La corona española se habría revelado, querrían usar sus tierras como lugar de expansión geopolítica.

Un siglo pasarían en guerra. Incesantes avances y retrocesos a lo largo de nuestra franja de tierra, pero los reyes y ejército chilenos no se rendirían. Serían expertos en las recientemente inventadas armas de fuego. Pero los latinos no pretendían rendirse. La monarquía de Chile recurriría a la ayuda de sus amigos argentinos y peruanos, naciones tan experimentadas como la suya, y juntos lograrían erradicar la amenaza española de sus tierras.

Pero América del Sur no descansaría ante un intento colonialista tan despiadado. Realizarían una convención en la Casa Rosada, decidirían tomar todas sus flotas y unirse en el intento por conquistar y dominar a los europeos. La fecha sería fijada: el 12 de febrero de 1541 comenzaría el desembarco en las costas europeas. Se visualizaría una misión rápida y limpia: los españoles se doblegarían rápidamente ante el poderío de las naciones americanas.

La batalla sería campal y se prolongaría por más de lo deseado. Mientras combatían los nobles chilenos quedarían maravillados con las costumbres y ritos de los europeos. Admirarían sus construcciones, sus modales, sus costumbres, sus comidas… si incluso imitarían y traerían de vuelta muchos de sus platos típicos. Después de meses de intentos los chilenos, que encabezaban las tropas americanas, se sentarían en el trono español

Lautaro y Fresia no quedarían contentos con lo sucedido. Ellos no querían arrebatarles todo a los latinos, sino que querían que sus naciones se unieran para hacer esfuerzos conjuntos por mejorar ambas culturas, por nutrirse los unos de los otros. Entonces decidirían dictar un decreto real, en el que Chile y España establecerían su hermandad, que ninguno de los dos reinos intentaría dominar al otro.

Después de tantos días de enfrentamientos y de sangre derramada ambas naciones, y con ellas se sumaría toda Europa y América del Sur, lograrían la paz y comenzarían una etapa de crecimiento conjunto. Mientras que en América del Norte indígenas nativos correrían libres por los campos. Muchos años después navegantes chilenos llegarían a las costas de lo que llamarían Miami. ue

Así pasarían los siglos y Chile se convertiría en la primera potencia mundial. El respeto y admiración que manifestaría hacia cada pueblo, cada nación descubierta le ganarían el cetro de regente universal. Pero sin hacer abuso ni ostentación de aquello. Las culturas para ellos valdrían tanto como la suya. De todos los nuevos países podía aprenderse algo nuevo y los descendientes de Lautaro lo tendrían muy claro.

Mas, como diría un vecino compositor: “qué lindo que es soñar, soñar no cuesta nada…”. Quizás así sería nuestra historia si España no hubiese sido una cultura dominante. O tal vez hubiéramos sido iguales… hasta peor de lo que ellos fueron. Quizás hoy tendríamos armas nucleares y viviríamos amenazados por otros poderosos. La verdad es que de lo que pudo ser, pero nunca fue, nadie sabe mucho. Lo único importante es el ejemplo de estos “reyes chilenos”: todas las culturas son admirables y únicas en su especie, premisa que debe regir los viajes por el mundo. Toda travesía y encuentro que suceda, sin esta intención, no sirve. Aquello no sería verdadero espíritu viajero.

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