Posteado por: Cotonito | 20 mayo 2009

Taxi Driver: algo falta en la gran manzana

Taxi Driver. 1976

Taxi Driver. 1976

Con Robert de Niro como un atormentado taxista en una de las ciudades más peligrosas y cosmopolitas del mundo y una Jodie Foster irreconocible en su juventud; Taxi Driver (1976) es una película al más puro estilo de Scorsese: tramas oscuras y complejas unidas a tomas y planos curiosos sazonados con actuaciones casi perfectas y personajes sombríos.

La sociedad norteamericana post guerra de Vietnam, enmarca el desarrollo de este film: el fuerte racismo y el agotamiento de toda crisis marcan a cada uno de los personajes de la trama. Un delgadísimo de Niro se abre paso en medio de la gran manzana, ciudad que ha sido invadida por la pestilencia, la suciedad, la prostitución y la droga.

De noche, las calles, se convierten en su única compañía mientras gira el volante de su flamante taxi amarillo. Como esos de nuestros recuerdos, esos de las felices caricaturas de los sesenta. Mientras pasea por avenidas mojadas, repartiendo cuanto pasajero recoge, reflexiona sobre la “podredumbre” de Nueva York.

Entre tomas originales: retrovisores iluminados por las luces de la ciudad, primeros planos de edificios y protagonistas, y cámaras que siguen la ciudad desde el interior del taxi; la creación se caracteriza por la oscuridad –probablemente por la intención de reflejar un país dominado por tinieblas- y la creciente locura del personaje que la sostiene: Travis. (de Niro)

 Después de presentar las inquietudes de Travis y, por supuesto a Nueva York, el guión da un giro y se centra en la decepción que siente el personaje luego de que la mujer que ama lo rechaza. Dolor que se transforma en resentimiento creciente hacia la clase gobernante, y a su vez a la escoria de la sociedad. Curioso pero Travis odia tanto al candidato a la presidencia como al proxeneta de Iris.

Iris (Foster) se transforma en el elemento de desenlace del conflicto. La prostituta de 13 años, genera en Travis un sentimiento de protección que lo lleva a comprar armas, y bajar de peso. Así como a desarrollar una elaborada fantasía donde tiene un trabajo que hacer para el gobierno: matar al candidato presidencial.

 Entre las imágenes de Travis practicando con armas y entrenándose para cometer su crimen se descubren las debilidades y perversiones de un personaje totalmente complejo, un “llanero solitario en una sociedad marcada por los crímenes violentos. Un desenlace poco esperado, desde el momento en que se decide a ayudar a Iris, deja sabor a poco.

 Pareciera ser que algo faltó contar de la historia de este taxista. De quienes se involucran con él. De su crimen. Elevado a una categoría de héroe –la que seguramente no buscaba- termina una historia que no deja sentimientos de triunfo, sino más bien de que faltó algo. De que algo no se le ha contado al espectador. Pese a todo el film captura, y obliga recorrer emociones, con las imágenes de un Nueva York que definitivamente son para la memoria colectiva.

 

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